sábado, 19 de noviembre de 2016

Una conversación nunca ocurrida

Publicado en "El Ingenioso Hidalgo" (I.E.S. Cervantes), abril de 2016.


El viejo Platón no tuvo ningún reparo en inventarse un imposible encuentro entre un joven Sócrates defendiendo ideas aún no formuladas y un maduro Parménides crítico de las mismas: creía hacer así más inteligible la todavía incipiente historia del pensamiento. Seguramente fue el primero en darse cuenta de que a los hechos no se les puede permitir jamás desfigurar el verdadero significado de la Historia, ese que muchos siglos después Hegel identificó con la mismísima razón en movimiento.
Lo que entonces no sospechaba Platón es que, mil ochocientos años después, un tal Rafael Sanzio le pagaría con la misma moneda cuando osara pintarlo en gesticulante actitud junto a su discípulo Aristóteles, que aquí parece decir la última palabra. "Mira al cielo", ordena el primero; "no, atengámonos a la tierra", replica, rebelde, el segundo, como quien busca el sentido de la vida en la vida misma y no en un hipotético más allá.
Esencias frente a datos, razón contra pasión, lo que debe ser y lo que es, el espíritu y la carne, cultura o naturaleza, civilización contra salvajismo, los dos caballos del carro alado o las dos ciudades en interminable lucha, super-yo y ello desgarrando un yo inestable y vacilante: la historia de la filosofía o, mejor todavía, la historia de occidente. Esto es lo que somos.
La fuerza simbólica de la imagen es de tal magnitud, que nos importa poco que Aristóteles nunca alzara la voz contra el maestro, que solo después de la desaparición de este (y consumado el nepotismo que puso a otro con muchos menos méritos al frente de la Academia) dijera aquello de "los platónicos [no Platón] son menos amigos que la verdad", y que, más que un discurso lógico coherente, la biografía intelectual de Aristóteles tras emanciparse de la tutela platónica sea una deriva cuesta abajo y sin frenos del idealismo al materialismo.
Los hechos no dan sentido a la Historia ni a la Vida, los mitos sí. Como decía otro: si los hechos desmienten la leyenda, entonces... imprime la leyenda.