sábado, 6 de julio de 2019

Sobre la desmitologización

Jaspers contra Bultmann


Bultmann y Jaspers, teología y filosofía.

        La polémica entre el filósofo Karl Jaspers y el teólogo Rudolf Bultmann co­mien­za con  la conferencia que el primero, invitado por un grupo de teólogos, dedicó al tema de la desmitologización. Esta conferencia fue publicada posteriormente con el títu­lo Verdad y desgracia de la desmitologización de Bultmann.
Bultmann contestó a esta conferencia con el artículo En torno a la desmitolo­gi­za­ción, publicado en 1953. Dado que el texto de Jaspers contenía valoraciones excesiva­mente radicales sobre la persona y la obra de Bultmann (que el propio Jaspers hubo de explicar y corregir parcialmente después), el teólogo denunció en este escrito la falta, por parte del filósofo, de una auténtica voluntad de diálogo al modo socrático.
Más moderado en el tono que en la primera ocasión, Jaspers volvió al tema de la desmitologización en una carta abierta dirigida a Bultmann, que apareció publicada como Réplica a la contestación de Rudolf Bultmann.
Los tres escritos se hallan reunidos en un mismo volumen, publicado por la Edi­torial Sur de Buenos Aires en 1968, que incluye asimismo el ensayo teológico Jesús, de Rudolf Bultmann. Todas las citas se refieren a esta edición, y en cada una de ellas aparece no solo la página, sino también el título abreviado del texto de que se trata.
En la presente entrada me limito a hacer una recensión de la po­­­lémica, apoyada en abundantes citas y sin tomar partido, aunque, debido al origen del tra­bajo (un seminario sobre Jaspers) y a mi circunstancia personal (soy filósofo, no teó­logo, aunque interesado por las cuestiones teológicas), el punto de vista y argumentos de Jaspers aparezcan más destacados que los de Bultmann.

domingo, 24 de marzo de 2019

Textos de Kant para la EVAU

La presente entrada es una actualización de otra ya publicada, actualización necesaria al haber sido sustituido el texto empleado en los últimos años (Prólogo a la 2ª edición de Crítica de la razón pura) por otro distinto ("Introducción" de Crítica de la razón pura). Incluimos a continuación cuatro fragmentos del texto propuesto para el presente curso y (suponemos) los sucesivos, seguido cada uno de ellos de un ejemplo de posible respuesta a la pregunta 1 del examen de la EVAU en la Comunidad de Madrid.
Cada fragmento se trabaja siguiendo un mismo esquema:
a) Líneas introductorias que resumen brevemente el contenido del texto en su conjunto.
b) Explicación y breve análisis de las ideas que aparecen en el fragmento y su relación.
c) Síntesis final: esquema que muestra los resultados del punto anterior.

Fragmento nº 1

“No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia... Mas si bien todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, no por eso se origina todo él en la experiencia. Pues bien podría ser que nuestro conocimiento de experiencia fuera compuesto de lo que recibimos por medio de impresiones y de lo que nuestra propia facultad de conocer (con ocasión tan solo de las impresiones sensibles) proporciona por sí misma, sin que distingamos este añadido de aquella materia fundamental hasta que un largo ejercicio nos ha hecho atentos a ello y hábiles en separar ambas cosas. Es pues por lo menos una cuestión que necesita de una detenida investigación y que no ha de resolverse enseguida a primera vista, la de si hay un conocimiento semejante, independiente de la experiencia y aún de toda impresión de los sentidos. Esos conocimientos se llaman a priori y se distinguen de los empíricos, que tienen sus fuentes a posteriori, a saber, en la experiencia.”

Kant: Crítica de la razón pura, introducción



El texto pertenece a la Introducción de la “Crítica de la razón pura” de I. Kant, donde este autor plantea el problema que tratará de resolver en dicha obra: ¿cómo es posible la ciencia?, pregunta que considera equivalente a esta otra: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? (pues solo unos principios que son a la vez informativos e independientes de la experiencia pueden aportar la base para un conocimiento universal y necesario). En este fragmento, situado al principio de la mencionada “Introducción”, Kant anuncia el propósito de la investigación que llevará a cabo partiendo de la distinción entre dos expresiones aparentemente equivalentes: “todo conocimiento comienza con la experiencia” y “todo conocimiento procede de (o se origina en) la experiencia”; expresiones con un significado claramente distinto que lleva a Kant a aceptar la primera y rechazar la segunda.

domingo, 26 de agosto de 2018

Momentos estelares de la Historia del Cine (X): Si Dios no existiera...


Y van pasando los años, y ya has ido juntando ¿cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y tantos...?, y te acuerdas como si fuera ayer de cuando cumpliste los veinte y algún aguafiestas te explicó que a partir de ese momento los años pasarían sin que te enteraras, y por fin te has dado cuenta de que tenía razón, y has visto que cada vez más gente que ha significado mucho en tu vida desaparece de ella para siempre, y empiezas a pensar que esto de la muerte no es ninguna tontería y que está más cerca de lo que siempre habías querido creer, y te resistes a proclamar solemnemente que “envejecer es una puta mierda” (Sabina dixit) porque todavía finges estar convencido de que algo bueno debe de tener llegar a donde has llegado, y miras hacia atrás y piensas en lo que ha sido tu vida y en lo que esperabas que fuera, y constatas la enorme diferencia entre una cosa y la otra, y te preguntas ¿para qué he vivido?, pregunta que transformas en seguida en esta otra: ¿para qué estoy viviendo?, como queriendo autoconvencerte de que esto todavía no ha acabado y que lo mejor está todavía por llegar aunque la realidad desmienta esta creencia en los mil ejemplos que conoces, y haces de ese ¿para qué? la clave decisiva que esconde el valor de la existencia, lo que hace que, en el fondo, sí importe vivir o haber vivido, y finalmente quieres creer que ese valor no terminará en nada como tus pobres huesos y que siempre serás algo más que un pensamiento perdido entre tantos pensamientos que alguien pensó una vez pero de los que ya nadie se acuerda…
Existencia crucificada.
Y entonces redescubres lo que ya sabía Platón: que solo puede haber valor y sentido reales si están sostenidos en la permanencia, pues de otra forma todo pasa y nada queda, lo que hoy vale mucho mañana será una puta mierda, y en cuestión de pocos años todo (lo que sentimos, pensamos, vivimos y somos) dará literalmente lo mismo. No valen medias tintas: o todo acaba engullido por la corriente del devenir, o hay un valor que perdura, que no puede ser otro distinto de lo que hemos dado en llamar Dios. Por eso “si Dios no existe todo está permitido” no significa que Dios sea el vigilante plasta al que hay que suprimir para ser libres y respirar lejos de asfixiantes prohibiciones, sino algo mucho más serio y profundo en lo que no queremos pensar: que si la eternidad solo es una fantasía urdida por el mortal que no soporta tener que morir, todo valor acabará desapareciendo y cualquier juicio sobre la importancia de algo solo es una forma de autoengaño, un no querer asumir que nada importa cuando la muerte tiene la última palabra y la única definitiva. Palabra que todos sabemos que solo puede ser una: no-ser; o lo que es lo mismo: nada.

"Los comulgantes" (Ingmar Bergman, 1962): La confesión del pastor.


Fragmento de Los comulgantes al que se hace referencia en la entrada nº 10 de la serie Momentos estelares de la Historia del Cine.

miércoles, 25 de julio de 2018

Momentos estelares de la Historia del Cine (IX): Calderero, sastre, soldado...


 Tinker, Tailor, Soldier, Spy es el título de la novela de John Le Carré comercializada en España como El topo. La novela ya fue adaptada por la BBC en los años 80, en una serie protagonizada por Alec Guiness que aquí, curiosamente, conservó el título original de la obra de Le Carré: "Calderero, sastre, soldado, espía". Este vaivén de títulos podría explicarse por la referencia del original a una canción infantil enteramente desconocida en España; ya se sabe que aquí ha existido gran afición a cambiar o ampliar los títulos cuando alguna mente lúcida consideraba que los originales no resultaban lo suficientemente explicativos: ¿cómo va a entender un espectador español lo que significa Alien si no le añadimos El octavo pasajero?, y si lo de Rosemary's baby no queda claro del todo, solucionémoslo contando toda la película en el nuevo título La semilla del diablo...
Arbitrariedades aparte, todo el mundo considera El topo como una novela de espías, lo que debería traducirse en incluir todas sus adaptaciones en el subgénero cinematográfico "espionaje", que quizá podríamos definir como "suspense con trasfondo político". Nada que objetar, de hecho la adaptación de Tomas Alfredson que nos ocupa probablemente sea una de las mejores películas de espías jamás realizada (la segunda, después de Con la muerte en los talones, si es que incluimos a esta última dentro del subgénero). Pero no es solo eso y este "algo más" que, a mi entender, constituye la esencia de esta versión de la novela (y que la diferencia de la propia novela y de las otras versiones) no se capta hasta el final, aunque ciertamente ha sido anunciado antes mediante diferentes señales.

sábado, 14 de julio de 2018

"Y no vamos a estar cuarenta años hablando de los cuarenta años"


Sobre los huesos de Franco, la Historia hecha tebeo y los políticos que reviven guerras civiles para ganar votos.


          "Y tampoco vamos a estar cuarenta años hablando de los cuarenta años": esto lo decía José Sacristán, desde una emisora de radio, a los españoles que se sentían perdedores de la guerra y víctimas de la dictadura, en la película Solos en la madrugada, dirigida por José Luis Garci y estrenada en 1978.
José Sacristán, razonando que no hay que estar 40 años hablando de los 40 años
Lo que en el tiempo de la naciente democracia parecía la suma gilipollez (gastar cuarenta años de vida lamentando otros cuarenta años perdidos) se ha cumplido exactamente: estamos en 2018, cuarenta años después del estreno de la película y casi cuarenta y tres de la muerte de Franco, y el señor Sánchez (como antes Zapatero) sigue necesitando a Franco para justificar su discurso ideológico o para atraer el voto precisamente de los que no sufrieron en sus carnes el franquismo por haber nacido después de la muerte del dictador.

lunes, 9 de julio de 2018

Sobre orgullos e intolerancias


Día del Orgullo Gay: los organizadores no invitan al Presidente de la Comunidad ¡porque es del PP! Estos mismos organizadores, que presumen de tolerantes y reclaman tolerancia (entiendo que con razón, al menos lo último), atacan la homofobia como si fuera la única forma de odio existente en nuestra sociedad (¿no hay también PP-fobia, clero-fobia o, en Cataluña y el País Vasco, españolo-fobia, muchas veces fomentadas por algunos de los grupos que apoyan al colectivo -¡qué pena que personas complejas y diferentes entre sí se dejen reducir a “colectivo”!- LGTBI?).

Lo anterior deja clara una forma peculiar de entender la tolerancia: solo hay que ser tolerante con los que tienen las mismas ideas y costumbres que uno mismo. Ahora bien, si la tolerancia es tolerar a quien te tolera, debe de ser esta virtud la más extendida de todas: ¿quién es intolerante con quien piensa o hace lo mismo que uno? De acuerdo con la cita evangélica “si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?”, simplemente pido sustituir el verbo “amar” por “tolerar” para entender lo que es la verdadera tolerancia: no es tolerante quien únicamente se tolera a sí mismo y a los que son como él, sí quien comprende el punto de vista ajeno y es capaz de discutir las razones del mismo con argumentos y no con consignas aprendidas.

martes, 26 de junio de 2018

Momentos estelares de la Historia del Cine (VIII): El travelling como filosofía de la vida


Hitchcock entre los asistentes al mitin: "no queremos cuerpos extraños en el río".
Aproximadamente a la hora de proyección, y tras más de treinta minutos desde que conocemos la identidad del asesino en serie más buscado por Scotland Yard desde Jack el Destripador, Frenesí (A. Hitchcock, 1972) nos muestra a este interactuando por primera vez con la que hasta ese momento de la película ha sido su protagonista femenina. La cámara acompaña a ambos por el mercado de la fruta de Covent Garden hasta el apartamento del primero y nos permite escuchar su conversación, pero sabemos que esta carece de importancia pues lo decisivo es el dato que nosotros tenemos y la muchacha no y presentimos que el encuentro solo puede terminar de una manera, aunque esperamos que no sea así (ingenuos de nosotros, todavía confiamos en el griffithiano salvamento en el último segundo: no hemos aprendido la lección de Psicosis). Nuestra angustia alcanza el máximo cuando se abre la puerta del piso y escuchamos del asesino una frase ya conocida por nosotros como inicio de sus crímenes: “no sé si lo sabrás, pero tú eres mi tipo de mujer”. En ese mismo momento nos alejamos del escenario, la cámara desciende las escaleras que, dentro del mismo travelling todavía no interrumpido, había subido unos segundos antes y sale hasta el mismo mercado donde vemos desfilar ante ella a los tenderos, clientes y transportistas: la vida sigue, el mundo no ha cambiado porque uno de sus actores haya dejado de formar parte de él. Lo que poco antes tenía una importancia suprema ya ha dejado de tenerla.
Pero sí hay cuerpos extraños: un cadáver con una corbata al cuello.
No puedo dejar de recordar, al revisar esta escena, la triste experiencia personal que viví cuando, hace ya casi veinte años, una alumna de 4º de E.S.O. me pidió por favor que le dijera la nota obtenida en un trabajo, pues la iban a ingresar para una simple y rutinaria operación (un pequeño quiste, no peligroso pero sí molesto) y no iba a poder estar presente cuando diera las notas en clase. Miré entonces mi cuaderno de profesor y comprobé que la alumna tenía un 8, se lo dije y se puso tan contenta. Fue la última vez que hablé con ella: por ciertas complicaciones no calculadas en una operación que se esperaba trivial, Sandra (pues así se llamaba la alumna) no salió nunca del hospital. Lo que unos días antes era tan importante (conocer una nota) ya no tenía importancia alguna. Y así, nos viene a decir Hitchcock, sucede con todo aquello que valoramos a lo largo de la vida: como en Los pájaros[1], la cámara se aleja en el momento de mayor tensión y, en vez de ponerse al lado del humano sufriente, adopta un punto de vista superior, “sub specie aeternitatis”, en que el sufrimiento y la felicidad son meros estados subjetivos y pasajeros que acaban perdiendo todo su valor.

miércoles, 13 de junio de 2018

Breve apunte sobre dinosaurios, o crítica de la neurosis anti-spoiler


Estuve viendo Jurassic World, la última de Spielberg & Bayona, más Spielberg, o sea, Amblin que Bayona. Básicamente, y por resumir una valoración crítica en una sola frase, el guión es bastante flojo, pero los efectos digitales de erupciones volcánicas y dinosaurios están pero que muy bien.
Dinosaurio-dragón y niña-princesa: tranquilos, que no se la come...
Lo peor del guión: unos diálogos de vergüenza ajena y unos personajes más que planos, tanto los malos-malísimos como los buenos-majísimos, hasta el punto de que lamentamos que unos y otros no terminen devorados por los dinosaurios (estos solo se comen a los malos, será que su carne es más sabrosa a los dinosaúricos paladares).