viernes, 17 de enero de 2020

Filosofía de la Religión (I): Apuntes mínimos sobre Historia de la Ciencia de la Religión


            1. ENFOQUES EN EL ESTUDIO DE LA RELIGIÓN


            1.1. Confesionalidad y aconfesionalidad.


            La primera diferencia significativa que hay que señalar en el estudio de la religión es si este estudio se hace desde dentro o desde fuera de la propia religión que se estudia. Expresarse en estos términos es, por supuesto, poco preciso y puede inducir a confusión; hay que aclarar que no se habla tanto de la situación personal del estudioso (su pertenencia a una confesión religiosa, sus creencias sobre el tema...) cuanto del método utilizado: los presupuestos de este, ¿se derivan de una creencia o son independientes de ella?
            En este sentido, hay que decir que el estudio confesional de la religión es casi tan antiguo como la religión misma; en todas las tradiciones religiosas existen maestros y discípulos que estudian las enseñanzas de los maestros, textos sagrados cuyo sentido auténtico trata de captarse, lo cual da lugar muchas veces a nuevos textos que discuten, aclaran, aplican... el significado de los primeros, etc. Este es el proceso que ha dado lugar a la teología en las religiones desarrolla­das.
            Lo que es relativamente nuevo (siglos XVII-XVIII) es el estudio de la reli­gión a partir de presupuestos no confesionales. Las condiciones que hacen posible la aparición de la ciencia de la religión son básicamente dos:
La Paz de Augsburgo, (tímido) inicio de la libertad de conciencia
            a) La progresiva autonomía de la razón respecto de la autoridad religiosa, que ha dejado de ser única. Las confesiones religiosas minoritarias reclaman la libertad del individuo para la práctica de la religión, pero este derecho va acompañado del derecho de juzgar en materia religiosa de acuerdo con la propia conciencia (libertad de conciencia); en definitiva, la razón se convierte en juez de la religión.
            b) Por otro lado, los descubrimientos geográficos y la exploración de tierras desconocidas aportan gran cantidad de datos sobre las creencias y costumbres religiosas de los pueblos alejados culturalmente. Esta acumulación de datos será la base, primero, de un estudio comparativo, y, a partir del siglo XIX, de las diferentes teorías explicativas que pretenden dar razón de los fenómenos religiosos. 

            1.2. El estudio histórico-literario de las tradiciones religiosas.



            El primer enfoque que debe tenerse en cuenta es el propio de la historia de las religiones, en realidad la ciencia base de todas las demás (ya que es la que se encarga de suministrarles datos). Muy breve­men­te, podemos decir que este enfoque consiste en lo siguien­te:

            Primer paso: Estudio crítico de cada tradición religiosa.- Todas las religiones tienen una historia y unos documentos que reflejan esa historia; ¿por qué no estudiarlos como se estudia cualquier otro documento histórico o literario? Toma­mos, por ejemplo, los evangelios, nos olvidamos de su supuesto carácter sagrado o revelado, analizamos la forma como están escritos, las semejanzas y diferencias literarias entre unas partes y otras, comparamos entre sí las partes que presentan un contenido similar, contras­tamos los datos que nos aportan con los que hemos obtenido de otras fuentes, etc. Podemos decir que las conclusio­nes a las que lleguemos, si están razonablemente fundadas, son aceptables independientemente de nuestra actitud personal respecto al valor de verdad del texto estudiado.
Tratado teológico-político, inicio del método histórico-crítico
            Se puede datar con bastante exactitud, dentro de la tradición judeocristiana, el nacimiento de esta nueva forma de enfocar el estudio de los textos sagrados: se trata del Trata­do teológico-político, del filósofo judío Baruch de Spinoza[1], publicado en 1670. Ocho años después, el sacerdote católico Richard Simon publicaba la Historia crítica del Viejo Testamento. Ambos libros serían, en su momento, objeto de numerosas prohi­biciones por parte de las autoridades religiosas de casi todas las confesio­nes, aunque hoy en día nadie (salvo los ultraorto­doxos) discute sus afirmaciones básicas. El estudio histórico-crítico del Nuevo Testamento llegaría un siglo más tarde, con la publicación (anónima y póstuma) del manuscrito de Reimarus Sobre la pretensión de Jesús y sus discípulos.

            Segundo paso: Comparación de tradiciones religiosas distintas.- Una vez conocida cada una de las tradiciones religiosas, puede procederse a compararlas entre sí, señalando los elementos comunes que a veces pueden proceder de una influencia real (bien por filiación: A da lugar a B, bien por haber sido ambas, A y B, influidas por una fuente común), pero que también aparecen en áreas culturales distantes entre sí. Los primeros estudios comparativos surgen de forma paralela e independiente de los estudios histórico-literarios de las tradiciones religiosas singulares: el ejemplo más importante es Sobre el origen de las fábulas, de Fontenelle (1724), obra en la que ya  aparece en esbozo una teoría evolucionista de la religión en el sentido de una progresiva racionalización. Muy similar es la tesis que el jesuita Lafitau sostiene en su obra Costumbres de los salvajes americanos comparadas con las costumbres de los tiempos primitivos, publicada en el mismo año que el libro de Fontenelle.
            Aunque en un principio estos estudios se centran en el origen y evolución de los mitos y fábulas, la ciencia de la religión ha ampliado posteriormente el campo de aplicación del método comparativo a cualquier elemento presente en el fenómeno religioso (creencias, rituales, personas y objetos sagrados, etc.). Podemos citar, como simples ejemplos y sin intención de exhaustividad o selección en función de su importancia, algunos de los resultados más evidentes de este método:
            -si comparamos las narraciones mesopotámi­cas acerca de la creación y el diluvio (Enumah Elish, Poema de Gilgamesh) con los relatos del Génesis no podemos dejar de advertir semejanzas evidentes[2];
            -una impresión parecida produce leer sucesivamente el himno al sol de Akenatón y el salmo 104[3]; o las literaturas sapiencia­les bíblica (Eclesias­tés, Job) y babilónica (Diálogo del amo y el criado, Diálogo de la miseria humana)[4];
Sacrificio de Ifigenia, paralelo mitológico del sacrificio de Isaac
           -relatos de estructura y contenido similares (sacrificio de Isaac [Biblia] o Ismael [Corán] / sa­crificio de Ifigenia; historia de José / cuento de "los dos hermanos")[5];
            -prácticas comunes: sacrificio, oración, ritos de inicia­ción;
            -mitos, como el del diluvio, presentes en todas las áreas culturales;
            -ideas como la supervivencia tras la muerte, la espirituali­dad del ser humano, el ser supremo...
          -aparición universal de mediacio­nes frente a lo trascenden­te: espacios, tiempos, personas y objetos sagrados.
             Junto a estos elementos comunes, aparecen también las divergencias:
            -diferentes ideas sobre la divinidad (más o menos antropo­mórfica, a veces zoomórfica, nombres relacionados con el cielo y la paternidad, o la tierra y la maternidad, Dios también aparece como "rey", "pastor" o "caza­dor");
            -concepciones sobre la supervivencia tras la muerte (resurrección, reencar­na­ción, inmortali­dad del alma, absorción en el Absoluto...);
            -diferentes formas de oración (petición, alabanza, acción de gracias, unión mística...) o sacrifi­cio (humano, animal o vegetal; real o simbólico; diferentes finalidades);
            -diferentes espacios (árbol, montaña, claro del bosque, tienda, templo...) y tiempos sagrados...

            Tercer paso: Clasificación de las formas religiosas, de acuerdo con sus semejanzas y diferencias.- Los resultados de la comparación se ordenan ofreciendo una serie de clasificaciones de las tradiciones religiosas y de los elementos que en ellas aparecen.
            Una Historia comparada de las religiones, que presente de la forma más completa posible los datos analizando las semejanzas y diferencias entre las diferentes tradiciones religiosas, es el presupuesto necesario para cualquier intento de comprensión, explicación o valoración del hecho religioso.

            1.3. Explicación y comprensión: La religión desde la perspectiva de las ciencias sociales.


W. Dilthey: la distinción entre "explicar" y "comprender"
            La diferencia entre un enfoque explicativo y un enfoque comprensivo es básicamente esta: La explicación se pregunta por los orígenes, causas, condicionamientos, funciones y consecuen­cias del hecho religioso (es decir, aspira a conocer la religión en sus relaciones). Contempla lo religioso desde una perspectiva en la que aparece como parte o aspecto de un hecho más general (mente, conducta, naturaleza, sociedad o cultura) y trata de minimizar o ignorar los aspectos específicamente religiosos.
            La comprensión, por el contrario, se refiere a la religión en sí misma. Ambos enfoques parecen oportunos y necesa­rios, pero el enfoque comprensivo parece tener prioridad sobre el explicativo: de otro modo, no sabríamos qué es lo que explicamos ni, por consiguiente, si la explicación es adecuada o no.
            El enfoque explicativo es el propio de las ciencias sociales y parte de un razonamiento como este: Es indudable que, sea cual sea su valor de verdad, la religión es un hecho humano (puesto que en él participan los hombres) y cumple unas funciones, tanto desde el punto de vista del individuo como de la sociedad. Ahora bien, las encargadas de estudiar este tipo de hechos y funciones son las ciencias humanas o sociales: psicología, sociología, antropología. Por lo tanto, estas ciencias podrán y deberán estudiar, entre otros, el hecho religioso.
            Hay que advertir que, al adoptar este enfoque, no nos interesamos por el hecho religioso como tal, sino por el hecho religioso en su aspecto psicológico, o social, o antropológi­co... El peligro (evitable, pero no siempre evitado) es el reduccionis­mo: Extrapolar el resultado de una investigación que en su planteamiento es parcial y convertirla en una teoría sobre la totalidad del hecho religioso: "la religión es esto, y nada más que esto".
            Al adoptar un enfoque parcial, necesariamente se hace una selección dentro del objeto de estudio, por lo cual no tiene nada de extraño que las conclusiones confirmen el punto de vista inicial. De ahí el peligro de absolutizar este punto de vista, convirtiéndolo en el único válido.


            2. TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DE LA RELIGIÓN.


            Como ejemplo del enfoque explicativo en las ciencias de la religión seleccionamos un problema que, de una forma u otra, ha sido tratado por gran cantidad de autores: el de los orígenes  y causas de la religión. Retrocedemos en el tratamiento de esta cuestión hasta la obra de De Brosses (1760), por ser la más clara inspiradora del enfoque evolucionista con el que se puede decir que, de hecho, comienza la ciencia de la religión. No obstante, podemos encontrar precedentes en Hobbes, Bayle, Hume, Montesquieu, los ya citados Fontenelle y Lafitau, etc., e incluso remontarnos hasta los griegos[6].

            2.1. Evolucionismo y animismo: De Brosses, Comte, Tylor, Spencer.


Charles de Brosses y el fetichismo como origen de la religión
            El esquema básico del evolucionismo religioso aparece en la obra de De Brosses Sobre el culto de los dioses fetiches. De Brosses ve el estadio inicial de todas las religiones (exceptuando la de los hebreos[7]) en el fetichismo, término acuñado por este autor para nombrar el culto a objetos materiales que el primitivo considera habitados por una presencia o poder divino o sobrenatural[8]. Desde este fetichismo inicial las religiones de los diferentes pueblos experimentan un proceso de abstracción o desmaterialización, atravesando una fase de politeísmo que finalmente acabará en el monoteísmo.
            El esquema evolutivo, extremadamente simple, de De Brosses es el mismo que aparece en Comte. Para el fundador de la filosofía positivista, la causa de la religión es la inmadurez del espíritu humano, que al principio de su evolución (tanto individual como colecti­va) se proyecta sobre todas las cosas que conoce: Así, igual que un niño cree que los juguetes son seres anima­dos, el hombre primitivo ve seres vivientes dotados de poder en todas las cosas (es la etapa del fetichismo, siendo la culminación de este el culto a los as­tros). Un progreso en la evolución se dará cuando el hombre conciba los dioses como seres invisibles, no ligados a objetos materiales (politeísmo). Y finalmen­te, se produce la concen­tración de todos los dioses invisi­bles en un único ser supremo (monoteísmo). Fetichismo, políteísmo y mono­teísmo son las tres fases sucesivas del estadio religioso de la humanidad, pero este a su vez es solo el primero de los tres estadios que la humanidad debe recorrer, a medida que se dan las condiciones adecuadas para ello (estadios religio­so, metafísico y positivo o científico).
            La teoría animista de Tylor (expuesta en su obra Cultura primitiva, publicada en Londres en 1871, y desarrollada posteriormente por Spencer) es –al margen de su mayor solidez científica- una variación sobre el esquema de De Brosses donde la referencia al fetichismo ha sido sustituida por la designación, más amplia, de animismo (el fetichismo sería solo una forma, y no la originaria, del culto a espíritus o animismo). Tylor aporta la siguiente explicación sobre el origen y naturale­za de la religión:
            a) La forma más rudimentaria de religión, y el rasgo común a todas las religiones existentes, es la creencia en seres espirituales.
            b) Esta creencia surgen en un momento de la historia humana (hay, por lo tanto, una etapa anterior, no religiosa).
            c) Los fenómenos naturales que empujan al hombre primiti­vo a creer en espíritus son el sueño, el éxtasis y la misma muerte[9].
            d) En relación con la muerte, el primitivo cree que esta no acaba con la vida espiritual del individuo y que este, una vez muerto, sigue presente de alguna manera causando beneficios o perjuicios a los vivos. El culto a los muertos sería así la primera forma de religión. Posteriormente, y debido principalmente a la necesidad práctica (Tylor) o a una confusión lingüística (Spencer), el hombre primitivo dota también de alma a los seres no humanos (animales, vegetales, ríos, montañas, cielo, astros...).
            e) De esta forma primitiva de religión se pasa a las distintas formas de politeísmo y, finalmente, de monoteísmo.

            2.1.1. Valoración crítica: Antes de seguir adelante parece oportuno reseñar dos críticas frecuentes a la teoría animista.

1) La "creencia en seres espirituales" no da lugar ne­cesa­riamente a la re­li­gión. Numerosos autores se han negado a admitir la equivalencia entre el reconocimiento de los espíritus y el culto religioso: “Es muy posi­ble creer vi­vamente en los fantasmas y en su poder sobre los vivos, sin rendir­les verdadero culto” (Beattie[10]). “Para que el doble se convirtiera en un objeto de culto era preciso que dejara de ser una simple réplica del individuo y adquiriese las características necesarias para ser incluido entre los seres sagrados” (Durkheim[11]). “El espiritismo demuestra que nadie se espanta [es decir, reacciona religiosamente] ante un espíritu cuando este es concebido, comprendido. Por ello no tiene el espiritismo valor ninguno para el estudio de la religión” (Otto[12]). Lo que vuelve religiosa una expe­riencia no es que su objeto sea un espíritu, sino la reacción anímica que provoca el encuentro con algo miste­rioso e inconcebible.
2) Por otro lado, los datos etnográficos no con­fir­man la hipótesis de las etapas sucesivas: animis­mo (o fetichismo)-poli­teísmo-monoteís­mo. Max Müller, fascinado en un principio por la simplicidad y verosimilitud de la teoría de De Brosses, expresa posteriormente su decepción: “En vano buscaba en los monumentos más primitivos del pensamiento religioso, accesibles a nosotros, huellas evidentes de fetichismo, en tanto que se las ve multiplicarse por todas partes en los períodos más recientes del desarrollo religioso.” Por el contrario, se han encon­trado indi­cios de que la creencia en seres su­premos es tanto o más antigua que el culto a fetiches o la creencia en espíritus (ver el apartado 2.8).

2.2. Max Müller: Personalización de la naturaleza.


            La teoría de Max Müller fue expuesta por primera vez en la obra Mitología comparada (1856) y viene a decir lo siguiente:
            a) Los seres divinos reciben su nombre, originariamente, de fuerzas y fenómenos naturales: así lo descubrimos en los Vedas, donde aparecen dioses como Agni (fuego), Varuna (cielo), Indra (lluvia), Rudra (trueno), Vayu (viento), Mitra (luz), Dyaus (brillo celeste), etc.[13]
            b) Estos primitivos dioses védicos encuentran su paralelo en todas las mitologías del área indoeuropea: Varuna es Urano, como Dyaus es Zeus, Jove (Júpiter[14]), Thor, etc.
            c) Está claro, por tanto, que la religión –al menos la religión de los pueblos indoeuropeos- aparece en el momento en que las fuerzas naturales son personalizadas y transformadas en dioses.
Max Müller: personalización de los fenómenos naturales
          d) ¿Qué hace posible esta personalización? Max Müller contesta: El lenguaje. Las llamadas palabras-raíces, a partir de las cuales se forman todas las demás, se refieren siempre a acciones humanas. La aplicación de estas palabras a fenómenos naturales provoca la ilusión de que también en este caso se trata de acciones realizadas por un sujeto.
            e) Sin embargo, esta personalización no basta para dar lugar a la religión; la realidad personalizada ha de ser además sorprendente, imprevista, extraordinaria, admirable, aterradora... Y esto es así porque, para el primitivo, la naturaleza es “la gran sorpresa, el gran terror, la maravilla y el milagro permanentes”.
            f) A partir de estas premisas, puede encontrarse el significado real, empírico de todos los mitos: son, en el fondo, alegorías cuyo sentido auténtico alude a fenómenos naturales, generalmente celestes: salida y puesta del sol, posiciones de las estrellas y constelaciones, tormentas, etc.

            2.2.1. Valoración crítica.


            Max Müller y otros autores pertenecientes a su escuela (Kuhn, Schwartz, Steinhal, Bréal...) fueron ya en su época acusados de llevar sus interpretaciones a extremos absurdos, forzando los datos para “descubrir” detrás de leyendas como la guerra de Troya, la lucha de Edipo con la Esfinge, etc. fenómenos protagonizados por el sol, la luna, las estrellas, las nubes, etc. De hecho, la escuela naturalista, una vez desaparecidos sus fundadores, no ha tenido apenas representantes de verdadera categoría intelectual.
            Hay que señalar, no obstante, un aspecto de la teoría de Max Müller que en cierto sentido anticipa el punto de vista de Otto (apartado 2.9): la extrañeza y asombro producidos por ciertos objetos o hechos como ocasión –si no “causa”- que despierta un sentimiento, el religioso, que de otra forma yacería dormido en el fondo del alma. Por otro lado, la consideración de la religión como “enfermedad del lenguaje” (o “del pensamiento”)[15] es uno de los puntos débiles de la teoría: si el lenguaje es, como piensa Max Müller, la causa del error religioso, este “error” debería desaparecer tan pronto como el hombre, superada la mentalidad primitiva, descubre el carácter impersonal de los fenómenos naturales y las técnicas para controlar sus efectos. La teoría naturalista, como señala muy bien Durkheim, no reconoce la “verdad práctica” del pensamiento religioso, por lo que tampoco consigue explicar su persistencia en el tiempo[16].
             

            2.3. Frazer: La magia como pre-religión.


Escenario del ritual de "la rama dorada" (W. Turner)
            En 1890 se publica la primera edición de La rama dorada, de Frazer. El título hace referencia a una extraña costumbre de la que dan testimonio distintos autores latinos: el sacerdote del templo de Diana en Aricia, llamado también “el rey del bosque”, solo podía ser sucedido por quien le matara después de haber arrancado una rama (la famosa “rama dorada”) del árbol que representaba a la diosa. Al tratar de explicar esta costumbre, Frazer sigue un método comparativo: reunir elementos del folklore universal en los que podemos descubrir alguna semejanza con el hecho estudiado[17]. Sin embargo, la importancia de la obra en la ciencia de la religión no reside tanto en la explicación de esta costumbre[18] (explicación cuya insuficiencia mostraron autores como Lang y Farnell) cuanto en, primero, el nutridísimo arsenal de datos que ofrece (la primera edición constaba de dos volúmenes, la segunda de tres y la tercera de doce) y, segundo, en que, como momento necesario de la explicación buscada, se establece una hipótesis general sobre las relaciones entre magia y religión. En síntesis, tal hipótesis  viene a decir lo siguiente:
            a) En el hombre pueden darse tres actitudes psicológicas básicas (que han aparecido en la historia de forma sucesiva): la magia, la religión y la ciencia.
            b) Magia y ciencia suponen ambas un mundo sometido a leyes, mientras que para la religión el mundo depende, en último término, de la voluntad de seres sobrenaturales.
            c) Al contrario que la ciencia, la magia supone que los principios que rigen los hechos mentales sirven también para explicar los acontecimientos naturales; por ello, se basa en dos principios básicos: semejanza (“lo semejante produce lo semejante”, o “los efectos se asemejan a sus causas”, de donde se infiere que puedo producir un efecto en un ser al actuar sobre otro ser semejante) y contagio (“las cosas que una vez estuvieron en contacto actúan recíprocamente a distancia, aun después de haber sido cortado todo contacto físico” [19], de donde se infiere que puedo producir un efecto en un ser al actuar sobre algo que ha estado en contacto con él). De ahí dos clases de magia: homeopática y contaminante, con numerosas interferencias entre sí.
            d) La religión aparece cuando el hombre se da cuenta de la ineficacia de la magia. De hecho, los pueblos más primiti­vos solo poseen magia, no religión (prueba: ciertas ceremonias en las tribus australianas en las que no existe referencia a poderes personales; "entre los aborígenes de Australia, los más rudos primitivos de los que tenemos noticias, la magia es universalmen­te practicada, mientras que la religión en el sentido de propiciación o conciliación de los poderes superio­res parece ser casi desconocida"[20]).
            En tanto la religión supone la ineficacia de la magia, la magia parece una actitud más primitiva que la religión.

            2.3.1. Valoración crítica.

B. Malinowski (1884-1942)

1) Malinowski ha hecho notar que la acti­tud cientí­fica es tan primitiva como la mágica o la religiosa. Todo pueblo posee un conjunto de técnicas y conocimientos basados en la experiencia y en una teoría, por muy rudi­mentaria que sea; y a eso se le puede llamar "ciencia"[21]. La magia aparece debido al carácter insuficiente del conocimiento científi­co, sobre todo cuando el hecho que se pretende conseguir posee una gran importancia emocio­nal para el sujeto. Ante una herida el hombre primitivo aplicará en primer lugar remedios científicos; pero si estos remedios solo funcionan algunas veces realizará también manipu­la­ciones mágicas. Y no hay ninguna razón para suponer que no distingue ambos niveles.
2) Otros autores (Wittgenstein, en España Sádaba[22]) recha­zan que la magia sea falsa creencia; sencilla­men­te, no es creencia. Todos los hombres realizamos actos que, más que perseguir un efecto, sirven de desahogo emocional (golpear el suelo cuando se está enfadado, indicar la trayectoria de una bola de billar, gritar ¡penalty! ante el televisor, etc.); a esta clase de actos pueden perte­necer en su origen los rituales mágicos. La magia es un fenómeno expre­sivo, y como tal no puede ser verdadero ni falso[23].
3) La misma idea de "magia" se ha visto enriquecida posteriormente. Aun conservando su contenido de confianza en unos mecanismos que producen automáticamente unos resultados, ha de añadirse también la distinta función social de la magia y la religión (mientras la magia es una actividad individual, la religión solo se da dentro de una iglesia o grupo social) y la diferente actitud subjetiva que se da en el hombre que practica la magia y en el sujeto religioso[24].

            2.4. El poder impersonal.


 
"Hombre medicina" portador de mana
          
Cercana a la teoría de Frazer es la idea de que en las primeras manifestaciones de la religión no puede existir todavía el concepto de espíritu personal, ya que ello supone un grado de autoconciencia que probablemente no se dio en los primitivos (según Levy-Bruhl la idea de individuo está muy difuminada en la mentalidad primitiva[25]; además, señala Marett, "la religión primitiva se danza más que se piensa"[26]). De ahí que se han señalado como indicios de esta religión primitiva las referencias a un poder presente y a la vez trascendente a la naturaleza, que se encarna en individuos pero que en sí mismo no es personal: a esta idea responden los conceptos de mana en Melanesia, orenda, wakan y manitu entre los indios de Norteamérica, baraka en Marruecos, arungquiltha en Australia, etc.

            2.4.1. Valoración crítica.


La idea de un "poder impersonal" serviría de enlace entre la magia y la religión y, en este senti­do, confir­ma­ría la teoría de Frazer. Sin embargo, si la razón para suponer este estadio es la incapacidad del primitivo para formar la noción de ser personal, esa misma razón debería llevarnos a negar en el primitivo la idea de poder imper­so­nal (imper­sonal: negación de lo personal, por tanto esta última idea -lo personal- ya se posee). Además, no hay confirmación etnográfica de tal estadio, puesto que los términos mencionados aparecen siempre ligados a espí­ritus (de vivos o de muertos) o divinidades[27].
Más correcta parece la idea de Bergson acerca de una "presencia" sin calificar (ni personal ni impersonal), que después puede ser interpretada en cualquiera de los dos sentidos, dando lugar, respectivamente, a la religión o a la magia. Ambas tendrían un origen común, pero siguen caminos divergentes.

            2.5. Durkheim: La religión como factor de cohesión so­cial.


            Ya en el siglo XX (1912), Durkheim introduce un cambio de planteamiento en el estudio de la religión: no se trata tanto de investigar el origen de la religión (ya que, probablemente, la religión ha existido siempre) cuanto las causas, siempre presentes, que hacen que la religión exista.
            Para ello, Durkheim no estudia todas las formas de reli­gión existentes, sino tan solo las que él llama formas elemen­tales, ya que supone que estas dejarán ver sus causas con mayor claridad. El ejemplo más claro de forma elemental es el totemismo de las tribus australianas.
            De la teoría de Durkheim hay que destacar sobre todo tres aspectos:

            A) Definición de religión.


            Durkheim rechaza las defini­ciones que tienen que ver con lo sobrenatural o la divinidad y destaca más bien dos notas del hecho religioso:
            a) La división del mundo en sagrado y profano. Lo que señala la diferencia entre ambos mundos es el carácter tabú de las realidades sagradas: lo sagrado, al contrario que lo profano, exige un tratamiento sumamente respetuoso, no admite una consideración económica o utilitaria.
            b) Lo anterior no basta para definir la religión, pues también la magia contiene una referencia a lo sagrado. Hay que añadir que, cuando hablamos de religión, se trata de un hecho socialmente compartido, es decir, no hay religión sin comuni­dad de creyentes ("iglesia" en sentido amplio). Por el contra­rio, "el mago tiene clientela, pero no iglesia".

            B) Estudio del totemismo.


            El totemismo se ajusta a la anterior definición de religión y puede ser considerado una de sus formas más sencillas. Se da en tribus en las que los individuos se agrupan en clanes, cada uno de los cuales se relaciona (se emparenta simbólicamente) con un tótem, una realidad natural, generalmente un animal. Para los miembros del clan, el tótem es tabú, sagrado (evita­ción ritual: no se puede comer el animal totémico salvo en ocasiones muy especiales, que coinciden con las fiestas reli­giosas). Del tótem reciben fuerza, pero para los nativos el tótem no se identifica, sin más, con la fuerza; el tótem contiene poder, pero no es el poder. Este recibe, con más precisión, otros nombres en las diferentes lenguas tribales, pero generalmente los antropólogos lo designan con el melanesio mana. El totemismo no consiste, por tanto, en la adoración de unas realidades natura­les, sino más bien en el reconocimiento de un poder superior que se hace presente en esas realidades naturales.
Totemismo, "parentesco sagrado" entre un clan y una especie animal
            El tótem simboliza a la vez, por tanto, a un grupo social (el clan) y a un poder superior o divino (el mana).

            C) La religión como hecho social.


            A partir de lo anterior concluye Durkheim: Esta doble capacidad de simbolización del tótem se explica porque ambos significados son uno solo. Lo divino y lo social son una misma cosa.
            Esta conclusión es generalizable a toda forma de reli­gión, que genera en el creyente un sentimiento de dependencia y a la vez confianza en un poder superior. Pues bien, el objeto de este sentimiento no es otro que la propia sociedad. "La sociedad es el alma de la religión."[28]

            2.5.1. Valoración crítica.


Durkheim y sus discípulos toman los (innegables) aspectos simbólicos de la religión para concluir que la religión simboliza otra cosa. Una vez sentada esta premi­sa (reduc­cionista), se hacen la pregunta ¿qué simboliza la religión? y responden: la sociedad (o "los valores implica­dos en la vida so­cial", en expresión de Radcliffe-Brown).

            La crítica puede desglosarse en dos niveles:

1) Crítica al reduccionismo: La religión tiene un objeto específico, distinto de la sociedad. Aunque se encarna en una so­ciedad, no es reductible a otras formas de actividad social. Además, el reduccionismo social presenta una argumen­tación circular: selecciona solo aquellas formas de vida religiosa en que el sentido de la colectividad está muy presente, ignorando otras en que lo que se busca es el retiro o la profundiza­ción interior; y después señala como un descubrimiento lo que ya operaba desde el principio en esta selección: que los símbolos religiosos adquieren significado en contextos sociales.
2) Las teorías sociologistas ignoran otro hecho esencial de la religión: su carácter cosmológico. Lo que ofrece la religión no es una teoría social, sino una explicación del cosmos. Otra cuestión es que, dentro de esta explicación general, e incluso como punto de partida de ella, incluya el entorno social inmediato.

            2.6. Freud: La ritualización del parricidio.


            La explicación freudiana de la religión consta de dos aspectos complementarios:

           a) Una hipótesis sobre sus orígenes históricos: En una horda primitiva los hijos se unieron para asesinar al padre tiránico; después, sintiéndose culpables, quisieron olvidar su crimen y simbolizaron al padre asesinado en un animal totémico al que rendían homenaje (Tótem y tabú).
            b) Una teoría de la religión como proyección cultural de un hecho psicológico (el Complejo de Edipo). Dios no es más que el símbo­lo, socialmente establecido, en el que todos reconocemos a la figura paterna (el equivalente social del super-yo indivi­dual).
            Ambas explicaciones de la religión, histórica y psicoló­gica, presentan una secuencia coincidente:
            1) Existencia de un padre tiránico, que impide la reali­za­ción del deseo sexual (bien porque posee a todas las hembras de la horda, bien porque el objeto de deseo es la propia madre).
            2) Sentimientos de odio y temor hacia el padre[29].
            3) Asesinato, real o meramente deseado.
            4) Sentimiento de culpa.
            5) Intento de recuperar la benevolencia paterna.
            6) Conversión del padre en modelo con el que uno se identifica.
            7) Olvido de la culpa originaria.
            8) Sustitución simbólica del padre real por el objeto religioso (animal totémico o Dios), de quien se espera el perdón y la reconciliación por medio de la repetición ritual del crimen originario: El banquete totémico, o el sacrificio de comunión, remite a un primer banquete en que los hijos devoraron realmente al padre.

            Valoración crítica.


1) En cuanto teoría psicológica, se da por supuesta la universalidad del Complejo de Edipo, dato discutible y discutido tanto por psicólogos como por antropólogos.
2) No hay tampoco datos que confirmen la hipótesis históri­ca[30], que presenta una gran ambigüedad: El asesinato del padre, ¿ocurrió una sola vez o muchas? El propio Freud utiliza la misma hipóte­sis, con pocas variantes, para explicar el totemismo como forma primitiva de religión y los orígenes de la religión de Israel[31].
3) En la actualidad, prácticamente todos los antro­pó­logos e historiadores de las religiones consideran la explicación de Freud literalmente como un mito: una na­rra­ción que no se es histórica, sino simbólica e imagi­nativa, y que pretende explicar ciertos hechos psicológicos y culturales relacio­nándolos con los orígenes remotos de la humanidad[32].

            2.7. Funcionalismo y materialismo cultural.


            El enfoque funcionalista considera la cultura como el instrumento de adaptación propio del hombre (cumple el mismo papel que el instinto en los animales). Por tanto, todo hecho cultural -también la religión- se explica desde su valor para la adaptación del hombre al medio.
            Desde este punto de vista, las creencias y prácticas religiosas se ponen en relación con las necesidades humanas básicas: alimentación y procreación. Este significado aparece ya en las primeras manifestaciones religiosas de que se tiene noticia, las pinturas y esculturas prehistóricas (escenas de caza o animales destinados a ser cazados, "venus", etc.).
            El materialismo cultural de Marvin Harris, como forma extrema de funcionalismo, considera los hechos culturales como meros sueños o "superestructuras ideológicas" (de ahí que para entender su verdadero significado no haya que pre­guntar a los que participan de esa cultura: ¿qué soñador podría, mientras está soñando, dar razón de ese sueño?). El investigador debe adoptar una perspectiva etic, externa al hecho cultural estu­diado, y rechazar el punto de vista emic (lo que creen o sienten los participantes).
            Los hechos culturales tienen siempre un significado material, que consiste en su valor adaptativo.
            Harris ha destacado sobre todo por su interpretación de los tabúes alimenticios, prosiguiendo y absolutizando las investiga­ciones de antropólogos como Malinowski, Radcliffe-Brown, etc. La prohibición de matar vacas en el hinduismo, o de comer cerdo entre judíos y musulmanes, son en realidad medios para conseguir el aprovechamiento óptimo de los recur­sos naturales. Así, escribe respecto de la consideración de la vaca como animal sagrado:
El tabú sobre las vacas tiene un valor ecológico, según Harris

                        "El amor a las vacas contribuye a la resistencia adaptativa de la población humana conservando temporal­mente a los animales secos o estériles, pero todavía útiles; desalentando el desarrollo de una industria cár­nica costosa desde el punto de vista energético; prote­giendo un ganado vacuno que engorda a costa del sector público o los terra­tenientes; y conservando la capacidad de recuperación de la población vacuna durante sequías y períodos de escasez".[33]

            Lo mismo puede decirse del tabú sobre la carne de cerdo: No es que los musulmanes se abstengan de comer cerdo por razones religiosas; se trata más bien que el islam se ha extendido precisamente por regiones de clima desértico, donde la ganadería porcina es poco rentable y es mayor la utilidad de otras especies como la cabra o el camello.

            Valoración crítica.


1) El error del funcionalismo no está tanto en seña­lar unas funciones (reales) relacionadas con la adapta­ción al medio cuanto en confundir esta función con el verdadero significado del hecho estudiado. La función adaptativa puede ser una entre otras, y su conocimiento no tiene por qué agotar la comprensión del hecho religio­so.
            Mircea Eliade ha escrito:

 "Todo estudio­so de las religio­nes, cualquiera que sea el método que utili­ce, debe leer este texto de Wi­lliam Ja­mes...: un cuarteto de Beetho­ven no es realmente, como se ha observado, otra cosa que el ruido hecho por el frota­miento de crines de caballo sobre tripas de gato, y esta definición puede ser considerada ex­hausti­va. Pero la adopción de esa descripción no excluye en modo alguno la posibilidad de una descripción enteramente diferente."[34]

2) En concreto, Marvin Harris se ha esforzado por descubrir la correlación entre hechos culturales y condi­ciones materiales. En todos sus libros, bastante reitera­ti­vos entre sí, afirma sin matices (¿lo radical vende más?) que detrás de cada "miste­rio" cultural hay siempre una explicación material. Ello le lleva a ignorar, o pasar por alto sin darles la debida importancia, los hechos que aparentemente desmienten su teoría. Por ejem­plo: insiste en la poca rentabilidad del ganado porcino en las regiones desérticas, pero apenas reconoce que en otras regiones más indicadas para la cría del cerdo -los bosques bajos de Europa Oriental- esta prácticamente desapareció por razones religiosas[35]. El materialismo de Harris le lleva a no ver en este hecho más que un aspecto secundario explicable por "retroalimentación", en vez de reconocer -como Weber y otros lo han hecho- la influencia de la religión en la estruc­tura económica.

            2.8. W. Schmidt: El monoteísmo primitivo.


            Andrew Lang fue en un principio partidario del animismo, pero abandonó esta teoría al comprobar la presencia en las tradiciones de los pueblos primitivos (principalmente las tribus australianas) de breves referencias a "dioses grandes" o "dioses superiores" a los que apenas se menciona, a los que no se da culto y de los que prácticamente no se sabe nada; se les considera por encima de todos los dioses, anteriores a y creadores de todas las cosas y guardianes del orden moral. Este hecho explica que, cuando los misioneros cristianos hablaban de Dios a los aborígenes, estos recibieran la ense­ñanza mucho mejor de lo que los propios misioneros esperaban y que, ya convertidos al cristianismo, confesaran "Nosotros ya conocíamos a Dios, aunque no lo adorába­mos".
            En su obra El origen de la idea de Dios (1912-1955: doce volúmenes), el padre Schmidt suministró tal cantidad de datos (referidos, además, a culturas muy diferentes: pigmeos y otras tribus africanas, fueguinos, australianos, tribus de Nueva Guinea y Filipinas, indios de América del Norte, etc.) que el hecho como tal no pudo ponerse en duda[36]. No obstante, este hecho recibía de Schmidt la siguiente interpretación:
            a) Las referencias a dioses grandes solo pueden entender­se desde un monoteísmo primitivo, que posteriormente ha dege­nerado dando lugar a formas de politeísmo, animismo, fetichis­mo, magia, etc.
            b) Tal monoteísmo primitivo resulta, a su vez, explicable por una revelación de Dios que posteriormente ha caído en el olvido.

            2.8.1. Valoración crítica.

            La interpretación de Schmidt ha sido objeto de las siguientes críticas:

a) En algunos casos se ha podido comprobar la in­fluen­cia de tradiciones más explícitamente teístas (no obstante, este hecho no puede generalizarse).
b) Las divinidades superiores a que se hace referen­cia no siempre pueden equipararse al ser supremo de las reli­giones monoteístas: viven retirados y ajenos al mun­do; aunque existieron antes que todas las cosas, nunca se afirma expresamente su eternidad; se les representa dotados de corporalidad[37] (reciben nombres como "cielo", "fuego", "trueno" o "padre", y nada hace sospechar que se trate de metáfo­ras; a veces aparecen comiendo, bebiendo y durmiendo); salvo en ocasiones muy especiales no son objeto de culto.
c) Cabe una interpretación de los datos en términos no históricos (como resto de una antigua creencia), sino a partir de una disposición siempre presente en el ser humano que hace que la idea de un dios supremo, siempre más o menos antropomórfica, le resulte especialmente connatural.[38]

            2.9. Otto: "Lo numinoso" como disposición a priori.


R. Otto (1869-1937)
            En las religiones superiores, "lo santo" es un concepto muy cargado de significados morales y racionales; así, se ha podido llegar a la equiparación de religión y moralidad (caso de Kant[39]). Sin embargo, en los inicios de la religión el senti­miento religioso aparece como una reacción irracional ante determinados fenómenos, en los que el espíritu percibe la presencia de lo trascendente. Tal reacción pertenece a una clase enteramente diferente a la de los demás actos del espí­ritu humano: se puede hablar de una predisposición a priori a la religión, predisposi­ción a reaccionar ante ciertos objetos naturales con un senti­miento que apunta más allá de estos objetos. Al objeto de este sentimiento que todavía no se ha llenado de contenidos racionales Otto le da el nombre de lo numinoso.
            Los objetos naturales ante los que el sujeto reacciona son aquellos que, por sus características, parecen especial­mente indicados para sugerir una presencia misteriosa: todo lo extraño, lo anormal, lo terrorífico y, en general, lo que escapa al dominio del hombre; por ejemplo, ciertos animales, las tormentas, las cumbres solitarias, los volcanes, los bosques, el viento, el fuego, los cadáveres, los indivi­duos deformes, algunas corrientes de agua, árboles y rocas de formas extrañas, etc. De hecho, la primera aparición de lo religioso es en forma de terror ("erizarse el pelo", "ponerse la piel de gallina", etc.), reacción que solo se produce ante lo sobrenatural intuido y que se diferencia cualitativamente del simple miedo natural.
            Todo lo que las diversas teorías evolucionistas de la religión explican como orígenes o causas de la religión (ma­gia, culto a los muertos, animismo, culto a objetos naturales, fábulas, sentimiento de lo puro e impuro, etc.) solo puede entenderse como diversas manifestaciones de lo numinoso, que por tanto debe haber sido captado previamente[40].

                        Un ejemplo: Imaginemos a un primitivo que adora al fuego. Ciertas propiedades naturales del fuego hacen que pueda ser representado ingenuamente como un ser vivo, pero eso no es todavía suficiente para un trato religioso con el fuego; ni siquiera cuando se pretende conseguir de él ciertos efec­tos, o se le piden ciertos beneficios (p. ej., si se pide al fuego que destruya la casa de mi ene­migo y después lo utilizo para destruirla efectivamente); puedo confiar en el fuego (para conseguir este fin u otros), pero esta confian­za no es todavía religiosa. El trato con el fuego solo es un trato religioso cuando aparece el sentimiento de lo numinoso; este sentimiento, por tanto, no procede de las propiedades naturales del fuego ni de las actitudes natura­les de los sujetos ante el fuego, sino que transforma tanto unas como otras en algo cualitativa­mente diferente.

            2.10. Gustavo Bueno: El animal como objeto numinoso.


Gustavo Bueno (1924-2016)
            Una referencia a este autor, muy conocido precisamente por sus intervenciones públicas en las que defiende una idea de la religión abiertamente atea y materialista. Su filosofía de la religión, expuesta principalmente en su obra El animal divino, defiende un enfoque evolucionista que en algún sentido recuerda al de De Brosses y Comte (se distingue de este en su no progresis­mo: una religión más evolucionada no significa necesariamente más verdadera).
            La forma primitiva de religión (religión primaria) con­siste en la relación real, de dependencia, que ciertos antepa­sados del hombre y los primeros seres humanos establecieron con lo que Bueno llama "númenes materiales finitos", es decir, animales poderosos cuya benevolencia el hombre podía ganarse mediante ciertos actos que de alguna forma prefiguran (o son ya) los rituales religiosos.

                        "Seleccionamos como relación básica la que se esta­ble­ce entre los hombres (individuos o grupos) y los seres vivientes no humanos, pero finitos y reales y tales que sean capaces de dominar, atemorizar o sustentar a los hombres de un modo peculiar. Cuando estos seres vivien­tes, bienhechores o malignos, aparezcan como numinosos, entonces introduciremos el concepto originario de reli­gión, el concepto de religión primaria. Respeto, venera­ción, terror, sumisión, amor: todos estos sentimientos pueden encontrarse en la religión originaria."[41]

            Bueno conserva de Otto la denominación de sentimiento numinoso, y clasifica los posibles objetos de este sentimiento (númenes) en tres grupos:
            a) Númenes materiales y finitos.
            b) Númenes inmateriales y finitos.
            c) Númenes inmateriales e infinitos.
            Los tres grupos de númenes se corresponden a tres formas de religión: primaria, secundaria y terciaria.
            El paso de la religión primaria a la secundaria se da como efecto de la proyección imaginativa de los objetos reales de la religión primaria. En cuanto que proceden de la religión primaria, las representaciones de dioses más antiguas son, más que antropomór­ficas, zoomórficas (ejemplos: dioses egipcios, "becerro de oro", etc.). De esta forma se enuncia lo que el propio Bueno llama "principio no feuerbachiano":

                        "El hombre hizo a los dioses no ya a imagen y seme­jan­za de sí mismo, sino a imagen y semejanza de los ani­males."[42]

            2.10.1. Valoración crítica.


1) Dejando de lado el materialismo y el ateísmo (que condicio­nan absolutamente la filosofía de la religión de Bueno), una seria objeción a este punto de vista es que extiende la caracterización de "religioso" a fenómenos que, aun siendo reales, no hay por qué considerar reli­giosos (la relación del hombre con los animales es más bien utilita­ria, al menos la mayoría de las veces).
         2) Recuérdese que Otto llamaba "numinoso" al objeto natural que sugiere una presencia misteriosa; esta pro­pie­dad de lo numinoso de apuntar más allá de sí mismo parece ser ignorada por Bueno, quien considera al animal mismo como el término de la relación religiosa.
3) Hay que recordar también la advertencia del mismo Otto: No es la relación con el animal lo que provoca la aparición del sentimiento religioso, sino, al contrario, es la existencia previa de una predisposición religiosa la que explica que la relación con el animal vaya más allá, o sea totalmente diferente, de una relación mera­mente natural.
4) Puede pensarse que el punto de vista de Bueno es resultado de un intento de llevar la separación de "religión" y "teísmo" más allá de donde esta separación es posible. Por supuesto, si admitimos lo que Bueno llama "religión primaria" como verdadera religión, más aún, como la reli­gión originaria de la que proceden las otras formas de religión (secundaria y terciaria) -no simplemente como una forma religiosa en la que la predisposición innata se ha desviado hacia un objeto inadecuado-, hay que decir que, en su origen, la religión es incompa­tible con la creencia en uno o varios dioses (si el objeto de venera­ción es un animal no puede serlo un dios). Y, dado que Bueno no tiene más remedio que admitir la extensión uni­versal del hecho religioso, su intención de separar "re­ligión" y "teísmo" no es inocente, sino sumamen­te intere­sada. Es algo así como la prueba por el consenso univer­sal, pero al revés: La universalidad de la religión no muestra la verdad del teísmo, sino su falsedad, ya que toda religión es, en su origen, ateísmo.
       

            3. EL ENFOQUE "COMPRENSIVO" (FENOMENOLÓGICO) EN EL ESTU­DIO DEL HECHO RELIGIOSO.



            Frente al enfoque explicativo propio de las ciencias sociales, la fenomenología de la religión propone una aproxi­ma­ción al hecho religioso cuyas características principales son:
            a) Se parte de las experiencias que el sujeto religioso vive como religiosas, tratando de captar el contenido de estas experiencias de la forma más precisa posible y sin intentar "traducirlas" a términos no religiosos; de ahí que el fenome­nólo­go intente de alguna manera introducirse en la mente del sujeto religioso, lo cual solo le será posible en la medida que sea capaz de comprender tales experiencias, porque sienta alguna familiaridad con ellas o porque, de alguna manera, se reconozca en ellas.
            b) Se estudia el hecho religioso como tal, es decir, en lo que tiene de religioso (aunque al hacerlo haya que atender también a sus dimensiones psicológicas, sociales, culturales, etc.).
            c) Se estudia el hecho religioso en su globalidad, aten­dien­do a todos los aspectos con los que se presenta y en todas sus manifestaciones históricas, buscando los elementos comunes a todas ellas que definen precisamente lo religioso como religioso.


            4. LA EXPERIENCIA RELIGIOSA: VARIEDAD Y UNIDAD.


            Al tratar de estudiar las religiones, lo primero que llama la atención es la variedad de formas de vida religiosa; junto a esto, aparece la dificultad de distinguir en todos los casos qué hechos son religiosos y cuáles pertenecen a otro tipo de experiencias humanas (p. ej., mágicas, éticas o esté­ticas). De ahí la necesidad de poner algún tipo de orden, aunque sea provisional, por medio de una clasificación de las religiones existentes.
            Rechazada, por imprecisa, una primera división de las religiones en monoteístas y politeístas, en la que, entre otras cosas, no sabríamos dónde colocar el budismo (que no reconoce ninguna figura divina) y el hinduismo (que reduce las múltiples figuras divinas a un único principio), se pueden proponer dos criterios de clasificación:

            4.1. Religiones nacionales y religiones universales.


            Según el primero, las religiones pueden ser nacionales o universales. Las religiones nacionales son las que se conside­ran propias de un pueblo, nación, tribu, etc. El sujeto de la religión es la comunidad, no el individuo. Los dioses de estas religiones son dioses propios de la comunidad y su verdad no se considera incompatible con la verdad de otras religiones de comunidades distintas. A este grupo pertenecen todas las religiones llamadas "primitivas" y el judaísmo antiguo.
            Las religiones universales refieren la relación religiosa a la persona, independientemente de su pertenencia a una comunidad; pretenden ser válidas para todos los hombres. En este grupo estarían incluidos el budismo, el cristianismo, el islam, etc.[43]

            4.2. Religiones proféticas y religiones místicas.


El cristianismo no es una religión mística, pero tiene místicos....
            Una segunda división distingue entre religiones proféti­cas (judaísmo, cristianismo, islam, y otras como el zoroas­trismo) y místicas (en general, las orientales). Como crite­rios distinti­vos podemos señalar:
            a) Las religiones místicas tienden a buscar la extinción personal en la unión con el Absoluto, mientras que las reli­giones proféticas buscan la perduración de la vida individual.
            b) En las religiones místicas no hay una separación neta entre Dios y el mundo, que, sin embargo, sí se da en las proféticas.
            c) Las religiones místicas practican una oración en que se busca la unión extática, que incluye la suspensión de las funciones de los sentidos; las religiones proféticas proponen como forma de oración el diálogo con Dios y la escucha de la Palabra divina.
            d) Las religiones místicas son más individualistas y las proféticas más institucionalizadas.
...como también los tiene el islam (danza sufí)
            e) Las religiones místicas tienden a la tolerancia y absorción de elementos externos, mientras que las proféticas presentan un depósito dogmático (más o menos grande) que procuran guardar intacto.

            4.3. Insuficiencia de la referencia a Dios para una definición de religión.


            Al tratar de caracterizar las religiones, tradicionalmen­te se ha visto en ellas una relación de los hombres con una o varias divinidades, reales o supuestas. Así, la definición del DRAE: "Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto."
            Tal definición parte evidentemente de la consideración de un caso típico (la religión cristiana) y se extiende a otros ejemplos análogos, pero deja fuera tradiciones religiosas tan consolidadas como el budismo y el jainismo, que sencillamente ignoran toda referencia a la divinidad.

            4.4. La religión como referencia a "lo sagrado".

Símbolo del vacío en monumento funerario

            Una vía que se ajusta más a los hechos consiste en rela­cio­nar la religión no con lo divino, sino con lo sagrado. Así, la definición de Söderblom: "Religioso es aquel para quien algo es sagrado". Hay que recordar que esta forma de aproxi­marse a la religión fue propuesta por primera vez por Durk­heim, en su obra Las formas elementales de la vida religio­sa (punto 2.5). ¿Qué es "lo sagrado"? Aunque el próximo capítulo profundizará más en la respuesta a esta pregunta, se puede decir provisionalmente que es aquello que debe ser tratado como mucho cuidado, exigiendo un enorme respeto y manteniéndose separado del mundo natural o profano.

            4.5. La estructura del hecho religioso.


            Para concluir, podemos sintetizar los elementos comunes en toda manifestación religiosa[44].
            1) La referencia a un nivel de realidad distinto del natural o profano, al que llamamos lo sagrado y que se carac­teriza por exigir un trato muy cuidadoso en una relación no económica. Señales de lo sagrado son, por ejemplo, el tabú, los ritos de iniciación y las experiencias de conversión e iluminación.
            2) Una actitud subjetiva que subyace a todos los actos de la religión (tanto actos de culto: oración y sacrificio, como expresiones no cúlticas de la vivencia religiosa); actitud que es, por una parte, éxtasis o descentramiento: el sujeto sale de sí para poner el centro de su vida en otra realidad que considera incompara­blemen­te más valiosa; por otra, deseo de salvación o liberación del mal radical que amenaza a la existencia.
            3) La realidad objeto o término del acto religio­so es el centro de irradiación que contagia su característica peculiar (la santidad) a un conjunto de objetos que forman el ámbito de lo sagrado. Los rasgos propios de esta realidad que los fenomenó­lo­gos de la religión llaman Misterio son: a) Es radicalmente heterogéneo a todos los objetos conocidos; b) Produce en el sujeto una impresión de terror y fascinación; c) Es absoluto, independiente de toda otra realidad; d) Es santo. El objeto de la religión se hace presente al hombre religioso a través de mediaciones o hiero­fanías.

















[1]Hay antecedentes que el propio Spinoza cita, como el rabino Ibn Ezra. En todo caso, se puede decir que la crítica bíblica veterotestamentaria alcanza su primer resultado importante con la hipótesis de las cuatro fuentes del Pentateuco (B. Witter, 1711).
[2]En el Poema de Gilgamesh, la historia del diluvio es así: Los dioses decretan un diluvio. El dios Ea avisa a Upnapistim y le da indicaciones para construir una embarcación. A ella suben Upnapistim, su familia y "las bestias y criaturas salvajes del campo". La tempestad dura siete días. La embarcación se posa en el monte Nisir y Upnapistim suelta sucesivamente una paloma, una golondrina y un cuervo. Finalmente, Upnapistim ofrece un sacrificio a los dioses. Existe una versión más antigua en la que al héroe se le da el nombre de Zuisidra. 
[3]“¡Qué variadas son tus obras! Ocultas están a la mirada de los hombres, ¡oh Dios único, aparte del cual ningún otro existe!”. 
[4]“Sube a los cerros de las viejas ruinas y paséate a lo largo y a lo ancho; mira las calaveras de los hombres de otros tiempos y del nuestro; ¿cuál de ellos es el malhechor y cuál el amable filántropo?” (Diálogo entre el amo y el criado).
“Sale justificado el malhechor y se persigue al justo. El bandido recibe el oro, mientras que se deja perecer de hambre al débil. Se refuerza el poder del malvado y se arruina el enfermo, se abate el débil” (Diálogo sobre la miseria humana). 
[5]“Luego mandó a su hermano menor diciendo: ‘Vete al pueblo a buscar semilla’. Y el hermano menor encontró a la mujer de su hermano mayor sentada y peinándose... Entonces ella le dijo: ‘¿Qué es lo que llevas en la espalda?’ Y él le dijo: ‘Tres sacos de trigo, dos sacos de cebada, cinco en total; esto es lo que llevo en la espalda.’ Así le habló. Entonces ella habló con él diciendo: ‘¡Qué fuerza tienes! ¡Cada día veo tu energía!’ Y ella quiso conocerle de la manera que una mujer conoce a un hombre. Entonces ella se puso de pie y le agarró y le dijo: ‘¡Ven, pasemos una hora acostados juntos! Esto te hará bien, porque te haré unas hermosas prendas de ropa.’ Entonces el joven se puso como un leopardo con gran furia por la inicua sugerencia que ella le había hecho, y ella tuvo mucho miedo. Entonces él discutió con ella, diciendo: ‘¿Qué es este crimen que me has propuesto? ¡No me lo digas más!’”.
 [6]Evémero de Mesana, en el siglo IV a. C., sostuvo la teoría de que los dioses son en su origen hombres mortales, a quienes sus familiares y vecinos divinizaron tras su muerte. Esta idea fue recogida, entre otros, por Cicerón (Sobre la naturaleza de los dioses, II: “hombres eminentes por sus hazañas fueron elevados al cielo, con la aquiescencia y el consentimiento de todos...; así sucedió con Hércules, con Cástor y Pólux, con Asclepio, con Líber...”) y por el autor, judeoalejandrino, del libro de la Sabiduría: “Un padre, presa de acerbo dolor, hace la imagen del hijo que acaba de serle arrebatado, y al hombre entonces muerto le honra como a un dios, estableciendo entre sus siervos misterios e iniciaciones” (Sab 14,15). Si el evemerismo puede considerarse, al menos en lo que se refiere a la vinculación entre el culto a los muertos y la invención de dioses, como un precedente de las teorías racionalistas sobre la religión del siglo XIX, especialmente las de Tylor y Spencer, puede encontrarse una anticipación de la hipótesis del “monoteísmo primitivo” de Lang y Schmidt en algunas líneas de Herodoto: “Antiguamente invocaban en común a los dioses en todos sus sacrificios, sin dar a ninguno de ellos nombre o dictado particular...”.
 [7]La razón de esta exclusión es evidentemente más teológica que científica, pues, como señala Max Müller, “si se hubiera atrevido a buscar huellas de fetichismo en el Antiguo Testamento con la misma valentía que en Egipto, en Grecia, en Roma y en otras muchas partes, hubiera ciertamente encontrado rica cosecha en los Teraphim y los Thummin y en el Ephod, y esto prescindiendo de los becerros de oro y de las serpientes de bronce” (F. Max Müller: Origen y función de la religión, citado por C. García Gual: La mitología, Montesinos, 1987, p. 90).
 [8]El término “fetiche” es la castellanización del francés “fétiche”, que a su vez traduce el portugués “feitisso” (literalmente “hechizo”: algo hecho). Lo que caracteriza al fetiche frente a otro tipo de imágenes religiosas, según De Brosses, es que el sujeto no cree estar ante una representación de una realidad superior, sino ante el mismo objeto o término del culto religioso.
 [9]Se trata de fenómenos que tienen en común el ofrecer la ocasión para una conciencia del desdoblamiento del propio individuo: por un lado, su realidad física; por otro, su experiencia anímica (uno experimenta sucesos que no corresponden a su situación corporal). Aunque la propia muerte no se haya experimentado, es fácil conjeturar que ciertas formas de “trato con los muertos” forman parte de la vida del primitivo. Deben destacarse en primer lugar los “sueños místicos” en los que el durmiente cree estar conversando con un muerto o visitando el país de los muertos. Tylor llega a decir que los nativos de  Nueva Guinea “tienen durante el sueño casi tanta relación con los muertos como tienen con los vivos durante la vigilia” y que “ven todos sus sueños como visitas de los espíritus de sus amigos fallecidos”.
[10]J. Beattie: Otras culturas, c. XIII.
[11]E. Durkheim: Las formas elementales de la vida religiosa, l. I, cap. 3, I.
[12]R. Otto: Lo santo, cap. XVI. El texto entre corchetes es una aclaración mía, no pertenece a Otto.
[13]La religión de la India llama a sus textos sagrados Vedas, palabra que significa "saber" o "conocimiento". Los más antiguos son cuatro colecciones de himnos a los dioses: Rigveda, Samaveda, Yajurveda y Atharvaveda.
[14]Júpiter: “Jo(vi)s páter”, transcripción literal de “Dyaus pitár”.
[15]En la antigüedad, Cicerón y San Isidoro de Sevilla se valieron también de las etimologías para explicar la invención de los dioses con sus peculiares características.
[16]“Desde luego, a veces un error se perpetúa en la historia; pero, a menos que se dé un conjunto de circunstancias verdaderamente excepcionales, no puede mantenerse así salvo si resulta ser prácticamente verdadero, es decir, si, aunque no nos dé una noción teóricamente exacta de las cosas a las que se refiere, expresa de manera bastante correcta la manera en que estas nos afectan...” (E. Durkheim: Las formas elementales de la vida religiosa, l. I, cap. 3, II). Para Durkheim, la “verdad práctica” del pensamiento religioso se encuentra en un lugar muy diferente al del trato del hombre con la naturaleza, como veremos más adelante (apartado 2.5).
[17]Frazer enuncia así el propósito y método de su obra: “Si mostramos que en otros lugares existió una costumbre bárbara semejante a la del sacerdocio de Nemi, si averiguamos los motivos que indujeron a su establecimiento, si probamos que estos motivos han obrado extensa, quizá universalmente, en la sociedad humana, produciendo, según las diversas circunstancias, una variedad de instituciones de distinta especie pero genéricamente semejantes y, por último, si demostrásemos que sus verdaderos motivos, con algunas de sus instituciones derivadas, actuaron en la antigüedad clásica, entonces podríamos deducir justificadamente que en tiempos remotos las mismas causas originaron el sacerdocio de Nemi... El objeto de esta obra es reunir dichas premisas para ofrecer una explicación clara y probable del sacerdocio de Nemi.” (cap. I; p. 24 en la traducción castellana de F.C.E., correspondiente a la edición abreviada por el propio Frazer).
[18]Reducida a sus líneas generales, la explicación es esta: El rey (y a la vez mago) posee el control de las fuerzas que benefician o perjudican a la colectividad, por lo que es esencial para esta conservarle en la plenitud de sus poderes y protegerle de posibles peligros; el rey no puede envejecer y morir “naturalmente”, pues pertenece a otro orden de realidad. La pérdida de su capacidad mágica se produce cuando el alma del rey-mago es robada (y, para que tal robo sea posible, hay que pensar que el alma está depositada en un objeto externo, la rama cubierta de muérdago), pero entonces quien se ha apropiado de ella pasa a sustituirle: de esta forma, su alma pervive y con ella su función esencial de mediador entre el hombre y los poderes sobrehumanos.
[19]Frazer: o.c., cap. II (p. 34 en la traducción de F.C.E).
[20]J. Frazer: o.c., c. IV (p. 81 en la traducción castellana de F.C.E.).
[21]B. Malinowski: Magia, ciencia, religión (traducción castellana: Ariel, 1994): “El éxito de su agricultura depende... de su extenso saber sobre todas las clases de suelo, las diversas plantas cultivadas, la mutua adaptación de esos dos factores y, por último pero no en menor medida, de su conocimiento de la importancia de un trabajo adecuado y serio... Si sugiriésemos a un nativo que al plantar su huerto atendiese sobre todo a la magia y descuidase sus labores se sonreiría de nuestra simplicidad. Él sabe, tan bien como nosotros, que existen condiciones y causas naturales y, gracias a sus observaciones, conoce también que él es capaz de controlar tales fuerzas naturales por medio del esfuerzo físico y mental... Lo que se ha dicho referente a la horticultura tiene también su paralelo en cualquiera de las muchas otras actividades en las que trabajo y magia tienen lugar uno al lado del otro sin que existan interferencias” (pp. 20-22).
[22]J. Sádaba: “Las observaciones de Wittgenstein a La rama dorada de Frazer y su contribución a una Filosofía de la Religión”, en Lecciones de filosofía de la religión, Mondadori, 1989.
[23]Ambas concepciones de la magia (instrumental y ex­pre­siva) son, con toda probabilidad, verdaderas simultá­neamen­te: La magia pervive debido a la nece­si­dad de "ha­cer algo" en situaciones en las que no es fácil esperar los aconteci­mientos sin experimen­tar angustia, pero a la vez porque se cree que de esa forma se actúa eficazmente
[24]Ver cap. II, 2.1.
[25]L. Lévy-Bruhl: La mentalidad primitiva (existen diferentes traducciones al castellano, algunas de las cuales llevan por título El alma primitiva). Para Lévy-Bruhl, el primitivo desconoce los principios lógicos de identidad y contradicción; su pensamiento se rige más bien por la categoría de “participación”, según la cual todos los seres se hallan unidos entre sí por vínculos misteriosos que hacen que uno pueda ser, al mismo tiempo, otro distinto.
[26]Marett: Religión preanimista.
[27]“Esa fuerza, aunque impersonal en sí misma, está siempre vinculada a una persona que la dirige... Ningún hombre tiene por sí mismo esa fuerza: todo lo que hace lo hace con ayuda de seres personales, espíritus de la naturaleza o antepasados” (Codrington: The Melanesians, citado por M. Eliade: Tratado..., I, 7). El propio Eliade saca más adelante la conclusión: “Hay que plantear el problema en términos ontológicos: lo que existe, lo que es real, y lo que no existe, y no en términos de personal-impersonal, corpóreo-incorpóreo, conceptos que no tienen en la conciencia de los ‘primitivos’ la precisión que han adquirido en las culturas históricas... Por tanto, no puede afirmarse la impersonalidad del mana, porque esta noción carece de sentido en el horizonte mental arcaico.”
[28]La explicación durkheimiana del origen de la moral es análoga a la del origen de la religión.
[29]Debe matizarse que los sentimientos del hijo hacia el padre no son exclusivamente negativos, sino ambivalentes (lo odia y envidia a la vez que lo ama y admira); esta ambivalencia inicial hace posible la conversión del impulso homicida en recuerdo amoroso.
[30]El propio Frazer había invalidado (antes de que fuera formulada) la tesis histórica de Freud, al probar: 1º) Que el totemismo no es un fenómeno universal entre los pueblos primitivos; 2º) Que, entre los pueblos totémicos, el ritual conocido como “sacrificio de comunión” es absolutamente minoritario (solo cuatro entre cientos de tribus estudiadas). Lo extraño es que Freud, aun conociendo la obra de Frazer, dio más crédito a otros autores como Atkinson y Robertson Smith, en los que evidentemente valoró más la audacia de sus conclusiones que la solidez de las pruebas aportadas. Cf. Mircea Eliade: “Las modas culturales y la historia de las religiones”, en Ocultismo, brujería y modas culturales, Paidós, 1997. 
[31]En Moisés y el monoteísmo, el tema del asesinato del padre reaparece como el asesinato de Moisés, que posteriormen­te es recordado por los hebreos (sus asesinos) como el mayor de los profetas.
Sin embargo, en El porvenir de una ilusión ofrece una explicación psicológica del origen de la religión en términos de proyección de la figura paterna que considera de alcance más general (ver cap. III, 2.2): El asesinato del padre únicamente explicaría el totemismo, aunque Freud piensa (con Robertson Smith) que gran parte de las religiones -sobre todo la judeocristiana- derivan de un pasado totémico del cual todavía perviven restos. 
[32]Eliade opina que el “mito de los orígenes” elaborado por Freud no interesa tanto por su valor histórico cuanto por lo que nos dice acerca de un tipo de intelectual tan dispuesto a aceptarlo acríticamente: “por ejemplo, su profunda insatisfacción por las formas gastadas del cristianismo histórico y su deseo de liberarse violentamente de la fe de sus antepasados, acompañados por un extraño sentimiento de culpa, como si él mismo hubiera matado a un dios en el que no podía creer, pero cuya ausencia le era imposible soportar” (M. Eliade: Las modas culturales...).
[33]Marvin Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas,  Alianza, pp. 33-34. 
[34]Citado por Martín Velasco, J.: Introducción a la Fenomenología de la Religión, apéndice bibliográfico a la tercera edición (Cristiandad, 1982).
[35]"Al rechazar el cerdo, los agricultures musulmanes rebajan automáticamente la importancia de la conservación de los bosques... Su arma secreta es la cabra, gran devoradora de bosques, que trepa con facilidad a los árboles para comer hojas y brotes. Fomentando la ganadería caprina, el islam difundió en cierta medida las condiciones de su propio éxito. Extendió las zonas ecológicas inadecuadas para la cría del cerdo y eliminó uno de los principales obstáculos para la aceptación de la palabra del profeta." (Marvin Harris: Bueno para comer, Alianza, p. 92). Harris califica a este hecho como retroa­limentación: el efecto (tabú alimentario) modifica su propia causa (las condiciones materiales de existencia). 
[36]He aquí algunos testimonios que demuestran la frecuencia con que aparece la figura del ser supremo en las culturas primitivas.
En Nueva Zelanda la trascendencia del dios supremo Io es afirmada hasta el extremo de que su nombre y características solo es conocida por una parte de la clase sacerdotal:  "El número de los hombres iniciados en el culto de Io era muy reducido; solo los pertenecientes a los grados supremos entre los sacerdotes y los miembros de familias de alto rango podían alcanzar el conocimiento de los ritos relacionados con Io. Al parecer, el pueblo común no tomaba parte en ellos y es hasta dudoso que le fuera concedido conocer el nombre del ser supremo. Este culto de Io era de carácter esotérico, mientras que podríamos calificar como exotérico el de los dioses triba­les menores. Todos los ritos y el ceremonial relacionado con Io quedaba en manos del sacerdocio superior, que no constituía un cuerpo muy numeroso... Es ciertamente muy probable que este culto superior resultara demasiado elevado para las inteligen­cias ordinarias, y que los hombres llanos prefiriesen tratar con divinidades más accesibles o menos éticas”  (E. Best; citado por Mircea Eliade: Historia de las ideas y creencias religiosas, v. IV: todos las citas que aparecen en esta nota, salvo que se diga expresamente lo contrario, han sido tomadas de esta misma fuente). Poco más adelante añade: "Es interesante advertir que no se ofrecía a Io ningún tipo de oblación o sacrificio, y que no tenía ningún 'aria' o forma de encarnación a semejanza de los dioses inferiores."
En las tribus australianas la divinidad suprema aparece bajo diferentes nombres (Bunjil o Mamingata, Mungan-ngaua, Baiame, Daramulum, Biamban, Nurrundere, Nurrelli, Koin, Maamba, Birral, Kohin... Este ser supremo es designado como “padre”, “hacedor” y “vigilante”; se piensa de él que vivió en la tierra hace mucho tiempo, pero posteriormente se retiró al cielo, desde donde vigila a la humanidad.
En África encontramos, entre los nuer, una representación del ser supremo muy próxima a la de las religiones monoteístas: "El profesor Evans-Pritchard nos dice que los nuer, un pueblo nilótico de Africa oriental, consideran a Dios espíritu puro, y que, al ser como el aire o el viento, 'está en todas partes, y por estar en todas partes está aquí ahora'. Es, dicho en pocas palabras, lo que nosotros llamaríamos trascen­dente e inmanente. Está lejos, en el cielo, y al mismo tiempo presente en la tierra, que él creó y sostiene. 'Todo en la naturaleza, en la cultura, en la sociedad y en el hombre es como es porque Dios lo hizo así.' Aunque es ubicuo e invisi­ble, ve y oye todo lo que sucede y es sensible a las súplicas de quienes le invocan, por lo que se le dirigen oraciones y se le ofrecen sacrificios para evitar la desgracia. Dado que puede enojarse, Dios puede castigar y de hecho castiga las malas acciones, y el sufrimiento se acepta porque es su volun­tad y escapa, por tanto, al control humano. Pero las conse­cuencias de las malas acciones pueden ser aplazadas o mitiga­das mediante la contrición y la reparación, la oración y el sacrificio." (E. O. James: Historia de las religiones, citando a Evans-Pritchard: La religión nuer). Otros dioses de tribus centroafricanas (Nzambi entre los bakongos, Cgehene entre los isokos, Ngai entre los kikuyus) son también tenidos por creadores, pero su culto está muy limitado: “(A Nzambi) no se le rinde culto, porque nada necesita y además es inaccesible” (Wan Wing), “Como Cgehene se halla tan distante y es incognoscible, no tiene templos ni sacerdotes, ni se le ofrecen directamente plegarias o sacrificios” (J. W. Telch), “(Ngai) es un ser distante y apenas se interesa por la vida cotidiana de los individuos, pero se le invoca en momentos críticos: en el  nacimiento, la iniciación, el matrimonio y la muerte de todo kikuyu se establece comunicación con Ngai para que proteja al  individuo en semejante trance” (Jomo Kenyatta).
                Los nativos de América del Norte tienen concepciones semejantes de un “Gran Espíritu” creador de todo, pero que solo aparece como objeto de culto en las grandes ceremonias: "Todos los lenapes hasta ahora interrogados... están concordes en afirmar que su pueblo creyó siempre en un Manitou principal, jefe de todos los dioses, es decir, en un Gran Espíritu o ser supremo, ya que los restantes manitous son en su mayor parte simples agentes designados por él. Su nombre es 'Gicelemu kaong', que habitualmente se traduce por 'gran espíritu', pero que literalmente significa 'creador'. Directa­men­te o a través de sus agentes, los manitous, creó la tierra y todo cuanto hay en ella, y dio a los lenapes todo lo que poseen... El pueblo le reza en las grandes ceremonias y le da gracias por los beneficios recibidos de su mano. Pero la mayor parte de sus devociones va dirigida directamente a los mani­tous, sus agentes, a cuyo cargo ha puesto él los elementos, y con los que el pueblo se siente en relación más directa y personal, ya que se ve su intervención en cada aurora y en cada tormente, en cada ráfaga de viento que cruza el viento o la pradera. Por otra parte, como el Creador vive en el duodé­cimo o más elevado de los cielos que hay por encima de la tierra, es preciso dar doce gritos para llegar a sus oídos." (M.R. Harrington). En lo que se refiere a los atributos del ser supremo, encontramos concepciones casi agnósticas: "Los blancos hablan de un Padre celestial; nosotros (los pawnees) decimos Tirawa atius, el Padre de arriba, pero no nos imagina­mos a Tirawa como una persona. Creemos que Tirawa es como si estuviera en todas las cosas, como el Poder que ha dispuesto y ha hecho bajar de arriba todo lo que necesita el hombre. Nadie sabe a qué se parece Tirawa atius; nadie ha estado allí." (H. B. Alexander), e incluso catenoteístas: "Todas las cosas que hay en el mundo tienen un espíritu, y ese espíritu es wakan... 'Wakan' procede de los seres 'wa­kan'. Esos seres 'wakan' son mayores que la humanidad en el mismo sentido en que la humanidad es mayor que los animales. No han nacido nunca y nunca mueren... Hay muchos de estos seres, pero todos pertenecen a cuatro categorías. La expresión 'Wakan Tanka' significa todos los seres 'wakan', pues todos ellos son como si no fueran más que uno. 'Wakan Tanka Kin' significa el jefe o el más importantes de los seres 'wakan', que es el sol. Sin embargo, el más poderoso de los seres ‘wakan’ es ‘Nagi Tanka’, el Gran Espíritu, que también es ‘Taku Shanskan’, que significa el Azul, en otras palabras, el cielo... ‘Wakan Tanka’ es como dieciséis personas, pero cada persona es ‘wakan’. En consecuencia, todos son como si fueran uno solo” (J. R. Walker).
                Una enumeración más completa de las divinidades supremas vinculadas al cielo aparece en M. Eliade: Tratado de Historia de las Religiones, cap. II. En el capítulo siguiente, muestra el proceso (entendido como “erosión” o “degradación”) por el que las divinidades celestes se transforman en dioses solares.
                Finalmente, hay que advertir que la divinidad suprema no siempre aparece como “Padre del cielo”, aunque esta es su designación más frecuente, sino también como “Madre” o “Madre Tierra”; por ejemplo, los kagabas de la selva colombiana hablan así de la madre universal: “La madre de nuestros cánticos, la madre de toda nuestra progenie nos parió en el comienzo de todas las cosas, y por eso es la madre de toda clase de hombres, la madre de todas las naciones. Ella es la madre del trueno, la madre de los ríos, la madre de los árboles y de todas las cosas. Ella es la madre del mundo y de los hermanos antiguos, el pueblo de piedra. Ella es la madre de los frutos de la tierra...” Como en los casos anteriores, no encontramos un culto establecido a la madre universal, aunque se la recuerda especialmente cuando los campos han sido sembrados; ha sido recogida la siguiente plegaria: “Madre nuestra de las cosas que maduran, madre nuestra de los ríos, ten piedad de nosotros. Porque ¿a quién pertenecemos?, ¿de quién somos progenie? A nuestra madre solo pertenecemos.” (P. Radin).
[37]La excepción serían los nuer de África Oriental, donde sí es posible encontrar la representación de Dios como espíri­tu puro, que "está en todas partes, y por estar en todas partes está aquí ahora" (ver nota anterior). Ningún pueblo primitivo ha llegado tan cerca de las ideas de omnipresencia y espiritualidad de Dios. 
[38]Una reflexión filosófica sobre la connaturalidad para el hombre de la idea de Dios puede encontrarse en en la entrada, de próxima publicación, Las formas a priori de la experiencia religiosa. 
[39]Ver entrada La esencia de la religión, 1.1. 
[40]Lo santo puede entenderse como una extensión del proyecto kantiano de fundamentación, a partir de principios a priori, de la ciencia (Crítica de la razón pura), la moral (Crítica de la razón práctica) y la estética (Crítica del juicio), precisamente en el campo de la religión, donde Kant había renunciado a reconocer la especificidad del objeto estudiado y lo había reducido a un aspecto de la razón práctica. Otto otorga contenido empírico a la categoría a priori de “lo sagrado” en cuanto que, gracias a esta categoría, el hombre transfigura ciertos objetos del mundo sensible dotándolos de una cualidad que apunta más bien hacia el mundo de la divinidad (de forma similar a como “la belleza” aparece en ciertos objetos, pero no como una cualidad propia de estos). 
[41]G. Bueno: Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión, p. 178. 
[42]Ibid, p. 180. 
[43]El nacimiento de las religiones universales se produce hacia el siglo VI a.C., momento en que una serie de movi­mientos de refor­ma religiosa aparecidos en diferentes lugares pero casi simultáneamente toman conciencia de la necesidad de una profundización espiritual que las religio­nes nacio­nales no ofrecían. Esta coincidencia justifica la denominación de “tiempo eje” propuesta por K. Jaspers. Tales movimientos, o al menos los principales de ellos, son:
-El budismo, jainismo y Upanishads en la India.
-El profetismo en Israel.
-El zoroastrismo en Irán.
-El confucianismo y el taoísmo en China.
-Las religiones mistéricas y las especulaciones filosóficas de los presocráticos en Grecia. 
[44]Esta presentación de “la estructura del hecho religioso” sigue, en lo fundamental, la línea expositiva de J. Martín Velasco: Introducción a la Fenomenología de la Religión (Cristiandad, 1973).


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